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Comunidad de Gracia: Tan Valientes Como un León

Tan Valientes Como un León
Como bien podemos ver en las historias heroicas de la Biblia, existe más drama y heroísmo en un capítulo de la historia de la iglesia que en todas las producciones cinematográficas de Hollywood. Los personajes principales de estas historias bíblicas no obtuvieron su lugar en la Biblia por ser pasivos y sosegados. Dios puso la mira en ellos porque tenían una fe determinada. De hecho, ellos fueron reconocidos por su fe (vea Hebreos 11:1). La fe fue lo que moldeó sus personalidades, convirtiéndolos en personas positivas, y no en hombres elásticos que se doblegaban ante la voluntad del mundo. Aunque estos hombres no eran perfectos, tampoco escribieron sus nombres en las páginas de la historia con manos temblorosas.

Ante los ojos de Dios, las personas que se consideran “grandes” como resultado del auto-engrandecimiento, son más pequeñas que los saltamontes – especialmente cuando su tamaño está basado en la fama, el poder y las riquezas. Dios reconoce a aquellas personas que están hechas de algo mejor – fe. La fe les da dimensión a las personas. Para Dios los hombres de fe son gigantes; pero gigantes afables, de buen corazón y generosos. La falta de fe nunca ha engrandecido a nadie sino que por el contrario, convierte a las personas en individuos de “poca fe”. (vea Mateo 6:30).

2 Reyes 4:8 habla de una “mujer importante”. Esa es la única mujer que la Biblia describe utilizando ese adjetivo. Una traducción en francés de la Biblia se refiere a esa mujer como “una mujer de distinción”. Sin embargo, la Biblia nunca menciona el nombre de esa mujer. Ella no era una mujer importante ni distinguida por las riquezas que poseía, ni por su estatus social o su intelecto. Su fe era lo que la distinguía. Su historia era impresionante y sin precedentes; el resultado de su extraordinaria e increíble fe y valentía – atributos que no se pueden separar.

La fe produce valor. En Hechos 4:13, la Biblia dice que los líderes de Jerusalén vieron “el denuedo de Pedro y de Juan”. Su valor era evidente para todos. Los jueces de Israel, con sus tradiciones arcaicas, quedaron totalmente perplejos ante la presencia de unos simples pescadores de Galilea que se estaban dirigiendo a la corte como si fuesen reyes emitiendo edictos. La Biblia es el libro de los valientes, y no de los cobardes. De hecho, la última advertencia que aparece en la Biblia es para “los cobardes e incrédulos” (Apocalipsis 21:8). Las Escrituras nos presentan a personas valientes que tuvieron la osadía de ir donde otros no se habían atrevido, y de hacer cosas que otros creyeron imposibles. ¿Fanáticos? Claro que sí. Hace falta ser un fanático para poder cambiar el mundo
Abraham, Moisés y David
El primer hombre, que de acuerdo a la Biblia, se atrevió a ser valiente fue Noé. Sin embargo, vamos a dejar a Noé a un lado y vamos a estudiar a Abraham. Dios puso una idea absurda en el corazón de Abraham – él debía renunciar a su antigua manera de vivir. Él debía dejar su casa, su familia, los dioses de su familia, y permitir que Dios lo llevara de un lugar a otro sin saber dónde terminaría. Su destino era ser el pionero de una nueva manera de vivir. En esa época de violencia, cuando el mundo era como una jungla llena de animales salvajes, Abraham necesitó más valor que el que necesitó Cristóbal Colón cuando navegó en la Santa María. Al principio, el patriarca sólo se aventuró a recorrer la mitad del camino, ya que tomó su familia y la trasladó a Harán. Ellos estuvieron instalados allí por un tiempo ya que ese no era su destino final. Inspirado por Dios, Abraham renunció a una tradición de incredulidad, estableció un ejemplo y se convirtió en el “padre de todos los creyentes” (Romanos 4:11).

El próximo héroe bíblico es Moisés. Cuando pienso en las cosas que Moisés hizo, sudo frío. Su valentía iba más allá de todo razonamiento. Él dirigió a miles de familias en una “misión imposible”, sacándolos de los campos frondosos de Egipto y llevándolos a tierras áridas. Lleno de valor, Moisés salió de Egipto con todos los esclavos. ¡Egipto no lo podía creer! Esto era algo imposible, una locura; sin lugar a dudas, un acto suicida. Los estrategas egipcios nunca habían hecho algo que se pudiese comparar a esto. Moisés no planificó una “salida de emergencia”, sino que se comprometió a sí mismo y a su gente al cien por ciento. Ellos debían salir de Egipto juntos, con provisiones y apresuradamente: “no quedará ni una pezuña” (Éxodo 10:26). Cuando Dios es quien dirige al hombre, éste puede actuar de ese modo.

Existe una relación muy estrecha entre la palabra “valor” y David. Aquella batalla inolvidable y espectacular entre David y Goliat pudo haber salido de uno de los libretos de las películas de Charlie Chaplin. Aunque aparentemente la pelea era entre un joven y un gigante, Goliat probablemente sintió que estaba peleando contra una manada de elefantes y no contra un joven principiante. A decir verdad, otra dimensión estuvo envuelta en este asunto: el gigante había provocado los poderes de los cielos, y estos descendieron para darle la velocidad y la fuerza de una bala moderna a la piedra que David había lanzado. La fe desata fuerzas sobrenaturales.

Yo he escrito anteriormente acerca de David. David era un hombre que siempre estaba unos seis pasos por adelantado. Él era impulsivo, atrevido y dominante. David tomó la nación de Israel en sus manos y la reformó. Desgraciadamente, sus memorias están manchadas por los pecados que cometió. Sin embargo, el gran arrepentimiento y la profunda convicción que observamos en su maravilloso Salmo 51, demuestran que David utilizó su caída para alcanzar un nuevo entendimiento de la naturaleza de Dios. Él conocía a Dios como ninguna otra persona de aquella época; no como el Dios inalcanzable de las llamas del Sinaí sino como un Dios lleno de amor y bondad.

David no era un hombre que hacía las cosas a medias. Él elevó el nivel espiritual de Israel al implementar cambios en la adoración. David confiaba y amaba a Dios por sobre todas las cosas. Su mayor deseo fue construirle un templo a Dios. Sus arcas estaban llenas de tesoros que fueron utilizados en los preparativos del templo más lujoso del mundo. Para David, el rey no debía limitar su tributo a Dios restringiendo los diezmos. Dios debía recibir el cien por ciento – lo mejor de todas las cosas; el mejor templo, la mejor música, la mejor adoración y los mejores regalos. David fue agresivo tanto en sus batallas como en su manera de dar. Él fue un hombre extravagante y sin medidas. David también adoró a Dios de forma agresiva, escandalizando hasta a su propia esposa, cuando danzó públicamente para demostrar su agradecimiento a Dios.

Estos tres ejemplos bíblicos de lo que es ser “valiente” muestran cómo la fe puede llenar de valor a las personas. Estos tres hombres sorprendieron al mundo al hacer cosas extraordinarias. Para ellos, su valentía era algo muy natural. Esta característica ha sido imitada por millones de creyentes a través de los siglos. El Evangelio ha inspirado hazañas muy atrevidas, y sacrificios y tolerancias sin precedentes. Ni las grandes batallas, las causas nobles, o los proyectos comerciales, sobrepasan la iniciativa y la valentía del ejército de creyentes de Cristo. La iglesia siempre ha superado y resistido al mundo. Dios debe estar bien orgulloso de un récord como éste.
La Valentía y el Cristianismo Van Mano a Mano
Millones de personas han actuado con cautela por amor al Evangelio. Pero por alguna razón, sólo los nombres de algunas de estas personas se mencionan – como por ejemplo Lutero, Tyndale, Wycliffe, Livingstone y Wigglesworth. Por otro lado, la valentía de los creyentes es algo tan natural que se toma por sentado. La valentía y el cristianismo van mano a mano. Todo cristiano debe ser valiente. Cuando los primeros discípulos salieron tras Jesús, establecieron el modelo a seguir para la interminable multitud de seguidores que darían el todo por Dios, y que cantarían “Le entrego todo a Jesús”.

Mientras los fariseos velaban cuidadosamente de los diezmos, contando hasta el último centavo y midiendo las hierbas y las especies; Jesús se daba incondicionalmente, sin estar pensando en el dinero. Jesús les pidió a las personas que renunciaran a su manera de vivir y que desarrollaran una pasión por las cosas de Dios que sobrepasara al amor que sentían por sus padres y por sus familias.

Aquellos que conocieron a Jesús se contagiaron con su síndrome de “grandeza”. Zaqueo estuvo con Jesús una hora y su endurecido corazón se transformó en un corazón de gran generosidad. Quizás hoy día algunas personas le hubiesen aconsejado a Zaqueo que tuviese cuidado de que la pasión no lo cegara, pero Jesús no hizo eso. Cuando una mujer ungió los pies de Jesús con perfume (Lucas 7:38), él la defendió. En Betania (Mateo 26:6) otra mujer derramó sobre la cabeza de Jesús un vaso de alabastro que estaba lleno de un perfume muy costoso. Aunque ese perfume era su más grande posesión, ya que esos eran sus ahorros, la mujer estimó que su ofrenda no había sido excesiva. En cuanto al amor o a Dios respecta, no existe nada que pueda ser muy extravagante. Esa mujer, al igual que la viuda que Jesús vio depositar todo su sustento en la ofrenda del templo, no se quedó con nada. Quizás algunas personas se pregunten, en secreto, porqué Jesús exaltó esos actos tan ostentosos. Pero se olvidan de que la generosidad de Jesús es tan majestuosa que sobreabunda y cubre las limitaciones y las imperfecciones de los seres egocéntricos. Jesús desea que el mundo esté lleno de personas incondicionales; dadores y servidores que no les importe cuál sea el precio a pagar.

El valor proviene de Dios. Nuestro Dios es un Dios valiente. Nosotros sabemos que el dar no empobrece a Dios. Es por eso que nos preguntamos ¿cómo es posible que Él pueda ser un ejemplo para nosotros de lo que es dar o hacer algo que represente un sacrificio? Tomar riesgos no puede ser parte de su omnisciencia. ¿Qué cosa puede hacer Dios que requiera valor? A decir verdad, de todas las historias bíblicas esa es la más extraña y a la misma vez, la más maravillosa. Dios es amor, y ese amor lo hace vulnerable. El amor nos expone a la posibilidad de que nos puedan herir. Su inmenso amor es capaz de soportar mucho dolor. Y eso fue precisamente lo que le sucedió. Dios nos dio todo cuanto tenía. Él nos dio a su hijo, y su hijo fue crucificado: “En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados” (1 Juan 4:10).

La Biblia no es un libro de opiniones ni de medidas ineficaces, sino de confianza absoluta en Dios. El ideal de los filósofos griegos era “encontrar el término medio”; ni mucho ni muy poco. Sin embargo, a Dios no le gustan las cosas así: si no somos ni fríos ni calientes, Él nos vomita (Apocalipsis 3:16). Dios no está buscando personas que hagan las cosas con moderación, sino aquellas que lo amen de tal forma que no tengan moderación alguna.
Cómo Demostrar Ese Valor
Vamos a ver con más detalles cómo podemos demostrar ese valor.

Dedicación: “Si alguno viene a mí, y no aborrece a su padre, y madre, y mujer, e hijos, y hermanos, y hermanas, y aun también su propia vida, no puede ser mi discípulo” (Lucas 14:26). Ninguna persona en su sano juicio aborrecería a su familia. De hecho, hacer algo así sería ir en contra del quinto Mandamiento y de las palabras de Cristo cuando dijo que debemos amar a todos, incluyendo a nuestros enemigos. En Lucas 14:26, Jesús estaba hablando en términos relativos. La lealtad a Él debía ir más allá de la lealtad a nuestras familias o a nosotros mismos.

Servicio: “Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional” (Romanos 12:1). Los dos versículos anteriores a éste (Romanos 11:35-36), hacen que todo lo que no sea un sacrificio absoluto, parezca patético y mezquino: “¿O quién le dio a él primero, para que le fuese recompensado? Porque de él, y por él, y para él, son todas las cosas. A él sea la gloria por los siglos. Amén”.

Cualquier interés, pasatiempo o actividad pasajera que podamos tener, no pueden ser comparados con nuestro servicio a Dios. El servicio a Dios debe ser nuestro mayor deseo y propósito en la vida. No es solamente para cuando nos aburrimos y deseamos cambiar de profesión o probar algo diferente. No importando que otras cosas sucedan en la vida, el servicio a Dios debe continuar. Jesús anhela que sus hijos sean valientes; y no los casuales, sosegados, y “algún día – a veces” discípulos.

Generosidad: Esto es algo que hemos visto en las historias bíblicas, que se convirtió en una tradición por doquiera que los apóstoles predicaron. Por ejemplo, un grupo de gentiles recaudaron dinero para los cristianos que vivían en Judea: “Pues doy testimonio de que con agrado han dado conforme a sus fuerzas, y aun más allá de sus fuerzas, pidiéndonos con muchos ruegos que les concediésemos el privilegio de participar en este servicio para los santos. Y no como lo esperábamos, sino que a sí mismos se dieron primeramente al Señor, y luego a nosotros por la voluntad de Dios; de manera que exhortamos a Tito para que tal como comenzó antes, asimismo acabe también entre vosotros esta obra de gracia. Por tanto, como en todo abundáis, en fe, en palabra, en ciencia, en toda solicitud, y en vuestro amor para con nosotros, abundad también en esta gracia” (2 Corintios 8:3-7). Los corintos eran personas conocidas por su bondad, sus ministerios, y su don de gracia; pero había otro don que ellos debían desarrollar – dedicación a la obra de Dios.

Por último, el análisis de la palabra valentía o valor, me llevó a leer el incidente donde el rey Joás fue a ver al profeta Eliseo, quien se encontraba en su lecho de muerte. Por medio del espíritu de profecía, Eliseo habló acerca del futuro de Israel y le dijo al rey Joás que tomara sus saetas y golpeara la tierra con ellas. Sin tener mucho ánimo, el rey obedeció a Eliseo y golpeó la tierra dos o tres veces. Eliseo se enojó con el rey y le dijo que de haber golpeado la tierra, por lo menos cinco o seis veces, hubiese podido destruir a Siria, el enemigo de Israel. Pero Eliseo sabía que el rey Joás era un hombre débil. La forma en que el rey había golpeado la tierra mostraba su naturaleza. El rey Joás nunca iba a poder atacar a sus enemigos de manera efectiva. Él carecía de poder y de valor.

La Biblia no tiene lugar para mencionar a las personas de mentes estrechas, que no tienen fe para creer en Dios, ni para tomar pequeños pasos de fe. Estas personas están “muertas” en vida. “Mas el justo por la fe vivirá” (Romanos 1:17, Gálatas 3:11). Tenemos un mundo de victorias frente a nosotros, situaciones que podemos aprovechar para desarrollar nuestra fe y darnos a conocer por medio de Dios. Recuerde que, “sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan” (Hebreos 11:6). La incredulidad hace que las personas famosas se conviertan en desconocidos. Mientras que la fe, hace que los desconocidos se conviertan en personas famosas para Dios. “Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente; no temas ni desmayes, porque Jehová tu Dios estará contigo en dondequiera que vayas”.

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