comunidad de gracia

Comunidad de gracia: La condición para que la presencia de Dios se derrame

El hambre es la clave “Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados” (Mateo 5:6).

La prioridad de la presencia de Dios se ha perdido en la iglesia moderna. Nuestras iglesias son como panaderías abiertas al público, pero algunas no tienen pan para ofrecer. Lo que necesitamos es la presencia de Dios. Necesitamos tomar la decisión de que no importa lo que cueste y de dónde provenga, lo necesitamos a Él. Y Dios quiere llegar de acuerdo a sus condiciones y no de acuerdo con las nuestras.

El pan es escaso durante los tiempos de hambre
“Aconteció en los días que gobernaban los jueces, que hubo hambre en la tierra. Y un varón de Belén de Judá fue a morar en los campos de Moab, él y su mujer, y dos hijos suyos (…) Entonces se levantó con sus nueras, y regresó de los campos de Moab; porque oyó en el campo de Moab que Dios había visitado a su pueblo para darles pan” (Rut 1:1-6).
Noemí, su esposo y sus dos hijos dejaron su hogar y se mudaron a Moab porque había hambre en Belén. Belén significa “casa del pan”. La razón por la cual dejaron la casa del pan es que no había pan en la casa. Esa es también la sencilla razón por la cual la gente deja las iglesias: porque no hay pan.
El pan era parte de las prácticas religiosas en el templo; era prueba de la presencia de Dios, se lo llamaba el pan de la proposición, el pan de su presencia. El pan ha sido siempre históricamente el elemento indicador de la presencia divina.

Noemí y su familia tenían algo en común con las personas que salen o evitan totalmente nuestras iglesias en el día de hoy: dejan ese lugar y van a algún otro sitio para encontrar pan. Las personas buscan llenar su vacío en los bares, en los clubes y en los centros esotéricos, por millones. Procuran pasar el tiempo; tratan de sobrevivir porque la iglesia les ha fallado.
La gente ha venido vez tras vez a la Casa del Pan, tan solo para encontrar que sencillamente hay demasiada presencia humana y muy poca presencia divina.

Si la gloria de Dios no puede fluir por los pasillos de la iglesia a causa de espíritus seducibles y de hombres manipuladores, entonces Dios tendrá que volverse a otro lugar tal como lo hizo cuando Jesús pasó de largo junto a “la casa del pan” –el templo– en Jerusalén, montado en un asno. Si no hay pan en la casa, entonces no es culpa de los hambrientos por no ir allí.
Hay mucho más de Dios disponible para nosotros de lo que podemos saber o imaginar, pero hemos estado tan contentos con el lugar donde estamos y con las cosas que tenemos, que no nos esforzamos por obtener lo mejor de Dios.
Sí, Dios se está moviendo en medio de nosotros y está obrando en nuestras vidas, pero nos hemos contentado con recoger las migajas de la alfombra, en vez de disfrutar las abundantes porciones de pan, que Dios prepara para nosotros en los hornos celestiales.
Él ha dispuesto una gran mesa de su presencia en el día de hoy, y está llamando a su iglesia: “Vengan y coman”.

La gente vive tan hambrienta que gasta millones de dólares en la recién aparecida industria del ocultismo, controlada por falsos adivinos.
Si la iglesia se convirtiera en lo que puede y debe ser, tendríamos apuros para acomodar la demanda de “pan” en la casa.
Cuando la gente paga el exorbitante precio de acudir al esoterismo, trata realmente de tocar a Dios y de encontrar alivio del dolor que existe en sus vidas. No saben a dónde más acudir.

¿Sabe qué integrará a la gente instantáneamente al tejido de la iglesia local? Saborear el pan de la presencia de Dios en ese lugar.
Cuando Noemí oyó que había pan nuevamente en Belén, se levantó de su aflicción para regresar hasta allí. Cuando el pan de la presencia de Dios es restaurado en la iglesia, ocurren dos cosas:
Los pródigos regresarán a Belén desde Moab, cuando sepan que hay pan en la casa, y no regresarán solos. Los que nunca han sido salvos vendrán.
La táctica de Satanás ha sido mantenernos tan llenos de comida sin valor, que no tenemos hambre de Dios.
El enemigo nos ha acostumbrado a sobrevivir en una prosperidad terrena, y a subsistir como mendigos espirituales, de tal manera que justamente una migaja de la presencia del Señor nos satisface.
La mayoría de nosotros nos mantenemos tan atiborrados de “comida chatarra” para el alma, y de diversiones para la carne, que no sabemos lo que es estar realmente hambrientos.

Necesitamos con desesperación desarrollar hambre de Dios de tal modo ¡que literalmente olvidemos nuestras buenas maneras!
Espero que Dios agarre a los hombres y a las mujeres de su iglesia y los haga tan obsesionados con el pan de su presencia, que ya no puedan detenerse. Una vez que esto ocurra, ya no querrán solo un toquecito de “bendíceme Señor”. Querrán que Dios se manifieste en ese lugar, no importa cuánto cueste o lo incómodos que puedan sentirse.
Uno de los primeros pasos hacia el avivamiento real es reconocer que usted se encuentra en un estado de retroceso y declinación.
Sea tan próspero como desea serlo, pero busque a Dios en vez de buscar la prosperidad como fin. Verá, es muy fácil comenzar procurando alcanzar a Dios ¡y terminar tratando de alcanzar cualquier otra cosa!

¿Qué ocurriría si Dios se manifestara realmente en su iglesia?
Si Dios mostrara de veras su “rostro” en su iglesia, puedo asegurarle que “el rumor de los hambrientos” en su ciudad o región se esparcirá de la noche a la mañana. Antes de que usted pueda reforzar las puertas abiertas del día siguiente, los hambrientos vendrán y harán fila a la espera de recibir pan fresco.
Necesitamos comprender que lo que tenemos, donde estamos y lo que hacemos, es pequeño, comparado con lo que Dios quiere hacer en y a través de nosotros.
Lo que usted realmente necesita es a Dios. Y la forma de alcanzarlo es desearlo, estar hambriento de Él. El hambre nuestra es la clave. Así, cuando se encuentre escarbando en busca de sobras en la alfombra, en la Casa del Pan, debería orar: “Señor, suscita en mí un hambre ardiente por ti”.
Nuestro problema es que nunca hemos estado realmente hambrientos. Satisfacemos nuestra vida y saciamos nuestra hambre con las cosas de este mundo. Nos hemos acercado a Dios, semana tras semana y año tras año, para que nos llene los pequeños espacios. Le digo que Dios esta cansado de ocupar el “segundo lugar”en nuestra vida, después de todas las demás cosas. Aun de ser el segundo en los programas y en la vida de la iglesia.

Si no somos cuidadosos podemos caer en la trampa de hacer cosas para Él, pero olvidarnos de Él.
No importa cuánto sabe de la Biblia o cuánto sabe acerca de Dios. La pregunta es: “¿Lo conoce usted?” Por la sola lectura de las Escrituras jamás tendremos intimidad con el Señor. Hemos apagado nuestra hambre de su presencia haciendo cosas para Él.
Un esposo y una esposa pueden hacer cosas el uno para el otro, sin amarse realmente.

¡Intimidad con Dios!
Eso es lo que Dios desea de nosotros, y su rostro debe ser nuestro máximo objetivo.
Quizá el Espíritu Santo le está hablando. Le pido al Señor en este momento que despierte en usted esa hambre que ha tenido en el pasado, y que está ahora casi olvidada.
Quizás en estos días pasados tenía este sentir y estas ansias de Dios, pero permitió que otras cosas lo llenaran y reemplazaran ese deseo por su presencia.
Le pido al Señor que usted llegue a estar tan hambriento de Dios que ninguna otra cosa le importe.
Señor, ¡estamos tan hambrientos! ¡Lo que anhelamos es justamente tu presencia!

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

cinco − 3 =